"EL PRINCIPIO Y MOTOR DEL ÉXITO DE LAS HERMANDADES FUE LA CARIDAD, LA ATENCIÓN AL COFRADE; SI SÓLO NOS LIMITAMOS A SACAR PASOS, LAS HERMANDADES ACABARÁN POR EXTINGUIRSE"

Retornando a los comienzos, la directora del Departamento de Geografía, Historia y Filosofía de la Universidad Pablo de Olavide, Silvia María Pérez, versó sobre las cofradías en la Baja Edad Media y los Orígenes de la Semana Santa en el Congreso Nacional Cofrade de Marchena. La exposición, seguida con asombro por el público por la claridad de las ideas y la notable documentación expuesta, indagó en los hospitales, centros neurálgicos de la actividad de las cofradías iniciales, y fue escenario de una encendida defensa de la caridad y de los orígenes de las hermandades volcadas en los más pobres y fieles al entendimiento de Cristo como representación del sufrimiento humano. Además, Silvia María Pérez explicó las formas de organización de las cofradías internamente, actos públicos como entierros y sus formas de celebración, arrendamientos y otras formas de relaciones económicas para sustentar las cofradías...

Fuente: La Voz de Marchena.

Acabó entre unos aplausos impresionantes por la gran determinación en el uso de sus argumentos, la preparación de contenidos mostrados y la reseña de anécdotas con un gracejo andaluz que mezclado con la crítica argumentada hizo al público tener una concentración máxima a la vez que poder sonreírse, o sonrojarse, de los algún que otro vapuleo que en líneas generales dio la ponente a cierta forma de entender la Semana Santa hoy en día, a veces entre líneas y otras con todas las letras.

Sería interminable glosar esta magnífica conferencia al completo, porque la excelente condensación de los contenidos hizo ver que cada momento de la ponencia fue sumamente interesante.

De esta forma, situándonos a finales del siglo XIV y principios del XV, las cofradías surgieron con el "fin fundamental de practicar la caridad", primero con sus hermanos y luego si daba lugar con el resto de la sociedad, de forma que acabaron por sustituir a las antiguas órdenes mendicantes.

Con documentos como protocolos notariales del Siglo XV y testamentos o pagos de deuda, ha llegado información de la actividad que desempeñaban las hermandades. Se dejó ver la simplicidad de las Juntas de Gobierno de antaño en las que el hermano mayor, alcalde y prioste eran la máxima autoridad, y época sobre la que no queda constancia de elecciones documentadas, observándose que durante gran período aparecían los mismos nombres, de modo que ocupar estos cargos no requería especialización ni formación determinada, y pudo existir un monopolio en el que se perpetuaran en el cargo los mismos cofrades o que sencillamente, no hubiera quienes los relevaran por falta de personas disponibles.

Se organizaba un Cabildo oficial para la Junta de Gobierno y otro General para el resto de los hermanos, donde se trataban asuntos como las reglas, aceptación de nuevos cofrades y negocios en los que las cofradías se veían implicados, siempre celebrándose dichos cabildos en los hospitales de las cofradías a tempranas horas de la tarde.

Analizando el componente humano, a pesar de la ausencia de documentación de ingresos exactos, el nacimiento de las cofradías se vincula a profesionales del sector secundario y terciario, especialmente artesanos y comerciantes, surgiendo directamente relacionadas con oficios concretos. Mencionando a la priosta Elvira Alfonso, constató la existencia de cofradas en las cofradías, especialmente siendo aceptadas mujeres con recursos, generalmente viudas. Posteriormente, el Concilio de Trento dificultaría sobremanera la presencia de mujeres en las hermandades, de forma que es curioso observar como en los orígenes eran aceptadas sin mayores problemas.

Fue tajante Silvia Pérez señalando que la caridad "fue el sentido de las cofradías, el motivo por el cual surgieron", tanto por la gran demanda de la misma en la sociedad de la época como por el carácter evangélico del propio concepto y la exigencia de la misma a los cristianos por parte de la Iglesia.

En este sentido, destacó el papel "fundamental" de la orden franciscana en la Historia de la Iglesia, ya que para ellos "los pobres eran representantes de Cristo en tierra" y el ideal de pobreza era en torno al cual dirigían su vida e inculcaron en las primeras cofradías de la Vera Cruz, citando a la de Castilleja de la Cuesta como la más antigua de las que hoy existen.

Criticó que recientemente haya escuchado a decir a personas de la Iglesia que aquellas cofradías antiguas eran "siete viejas alrededor del fuego" en el hospital, ya que mucha vida de las hermandads transcurría en torno a los hospitales en los que acogían a las personas con necesidad: "¡Ensalcemos la función social tan importante que realizaban!", exclamó la ponente.

Silvia Pérez destacó la construcción de los hospitales por los propios cofrades, los legados de inmuebles de particulares y la "razón existencial" de los mismos como vehículos motores de la hermandad y de su función principal de caridad.

En estos lugares, en principio normalmente modestos con diez o doce personas a las que acogían, les daban casa, comida, ropa, limosnas, cuidados si estaban enfermos y entierro digno, aunque no se constata la presencia de médicos y cirujanos, tratándose de un modo de atención humano y hospitalario propiamente dicho, y siendo gestionado por un cofrade nombrado por la cofradía, siendo escasas las visitas eclesiásticas a los mismos, reflejó.

A través del patrimonio proveniente de dotaciones, legados y limosnas iban forjando su patrimonio las cofradías, así como a través de arrendamientos de larga duración, o venta de inmuebles, pagos de rentas para agrandar el hospital o contar con ingresos regulares para la labor benéfico-asistencial, así como posteriormente diversos sistemas de créditos más avanzados.

Otra de las características de la época era la omnipresencia de la muerte, con entierros en los que los miembros salían formando filas para rezar y con cirios en la mano detrás del féretro, y en caso de que el cofrade así lo pagara, con insignias de la cofradía. La sociedad andaluza encontró en las cofradías "refugio para sus necesidades terrenas y espirituales", subrayó Pérez.

La conferenciante nombró la importancia de personalidades como Santa Clara o San Francisco de Asís, Santa Brígida de Suecia, Santa Catalina de Siena, Tomás de Kempis, el Papa Sixto IV y la defensa del culto a la Sangre de Cristo en cumplimiento de la Eucaristía, incluso reflejándose en este sentido las manifestaciones artísticas e impulsándose la devoción desde esta dimensión, narrando por ejemplo, como en el Patio de los Naranjos se congregó una multitud para escuchar predicar a San Vicente Ferrer, llegando hasta la Plaza de San Francisco el gentío.

El carácter de Vera, Verdadera, de la Cruz, en directa relación con la sangre, marcaría la propia denominación de las primeras hermandades de la Vera Cruz, y la austeridad y seriedad de los cultos en los que la asistencia era obligatoria a la Estación de Penitencia entre Jueves y Viernes Santo, siendo mayoritarias por entonces las hermandades de sangre sobre las de luz (4-1 en proporción) y siendo habitual las disciplinas con las que se flagelaban los hermanos (aunque con el tiempo se prohibirían), así como ritos curiosos como el perdón de unos cofrades a otros en el Cabildo de Domingo de Ramos, lo cual invitó a hacer en la actualidad.

En la referida Estación de Penitencia, que salía sobre las 17:00 horas del Hospital, las pequeñas imágenes de los crucificados se portaban por los hermanos, yendo todos ellos descalzos (salvo en casos de salud muy delicados), y con música formada por tambor templado y trompeta, entre otros elementos.


Ya con el paso del tiempo y la llegada del período Barroco, aparecerían "las flores, la música, las grandes imágenes" y las cofradías se fueron "alejando de su principio y motor de éxito, la caridad y la atención al cofrade, que si no tienen en cuenta las hermandades que en sus principios fue lo que les llevó al éxito, si no tienen en cuenta sus orígenes y no están atentos a las necesidades de los hermanos, acabarán por extinguirse. Sacar pasos no garantiza el futuro para las hermandades, lo que alimenta a una hermandad es precisamente sus hermanos", concluyó, terminando por reivindicar que desde el ámbito donde trabaja, la Universidad, se transfieran conocimientos a la sociedad "devolviéndole lo que nos paga para que sea mucho mejor".